Era una cena de fin de año organizada por una compañía de impresoras. Había recibido la invitación días antes pero la hora a la que se había programado el agasajo no me agradaba, era durante la noche. En general, no me agrada aceptar invitaciones luego de las seis de la tarde pues considero que ese momento debo dedicarlo a la familia, a descansar, a la casa; todas las horas precedentes las puedo dedicar al trabajo pero me gusta disfrutar la noche desde el sofá de mi casa, viendo el contenido que otros han producido, dejando de hacer el mío. Cuando se puede.
Pero esa noche no se pudo. Mi jefe me había ‘convencido’ de la importancia de asistir a la cena, así que no puede evitar ir.
No recuerdo si en esos tiempos el tráfico ya era infernal en Lima. Simplemente llegué y me alisté para compartir un buen momento con los amigos, después de todo, en una cena de fin de año eso es lo que se espera. Rara vez se dedican estas reuniones al lanzamiento de un producto nuevo, frecuentemente nos reciben para darnos un breve resumen de lo que fue el año para la empresa que nos invita, pero nada más.
Así que con esa idea llegué al lugar.
Llegué al hotel y subí a la sala de reuniones donde se estaban reuniendo los invitados. Por obra del azar me senté junto a Franca, mi actual jefa. No fue nada planeado, simplemente llegué y el que se encontraba a su lado era uno de los pocos espacios disponibles, y quizás en ese momento juzgué que era el más cómodo.
Aunque sí debo confesar que había un antecedente.
Probablemente, un año antes ya sentía que debía ‘cambiar de ambiente’, por decirlo de alguna manera. Y dado que me había especializado en noticias tecnológicas creí que una buena opción era intentar pasar a una revista de ese tipo. Franca, entonces se encontraba trabajando como editora de una revista tecnológica y por ello le pregunté si podía pasar a su equipo.
Le escribí un correo electrónico y ella prontamente me respondió que acababa de contratar a alguien para un puesto que había quedado libre en la revista. ¡Lástima!
Pasaron los meses y me volví a encontrar con Franca, en la cena de fin de año de la que hablaba al inicio. Ella ya no trabajaba en la revista de la que fue editora.
Me senté a su lado y recuerdo que en algún momento de la reunión se inclinó hacia mí para preguntarme discretamente “¿Aún quieres trabajar conmigo?”. “Por supuesto”, le dije.
En ese momento no lo sabía pero Franca ya tenía avanzado el desarrollo de un portal de noticias sobre tecnologías de la información. Terminada la cena acordamos que luego me daría más detalles.
En una reunión posterior, en un café cerca de su casa, me mostró el portal y terminé de convencerme que era el momento de dejar la revista en la que había trabajado durante 12 años.
Era arriesgado. Era sólo un portal en Internet y, como todo medio, debía poder sustentarse en base a la publicidad; sin embargo, en esos tiempos la publicidad en Internet no era de las más abundantes.
Algunos amigos me lo dijeron y lo reiteraron en algunas conversaciones, era riesgoso. Pero igual me animó saber que Franca estaba detrás del proyecto y que, como siempre, todo lo tenía planeado. Confié en ella.
No me defraudó. Cinco años después el portal se encuentra muy bien posicionado y las empresas se han dado cuenta de la potencia de la publicidad en línea. CIO Perú es ahora mi nuevo hogar laboral aunque, claro, ya no debería decir ‘nuevo’ puesto que desde el 26 de mayo ya han pasado cinco años.
Pero es verdad, se han pasado ‘volando’.