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jueves, 5 de abril de 2012

Recuerdos del 5 de abril

Debo confesar algo, si una encuestadora me hubiera preguntado hace 20 años si apoyaba el cierre del Congreso, habría dicho que sí.

Tenía 20 años y quería que las cosas se hicieran rápido. Dos cámaras legislativas (diputados y senadores) me parecían excesivas para la velocidad que se debería imprimir al cambio del país. Lo mejor era hacer las cosas ejecutivamente, sin tantas charlas y discursos rimbombantes.

En la universidad, la PUCP, había sido testigo también del descrédito que implicaba estar relacionado a un partido político. Recién ingresado asistí a unas elecciones estudiantiles en donde una de las peores acusaciones que podía recibir una agrupación era la de estar ligado a un partido político. La izquierda nunca se presentó en mi salón de clases, y el ARE (representante en las universidades del APRA) estaba conformada por tres felinos.

La desaparición de los partidos políticos me parecía entonces una justa consecuencia por el desastre que habían provocado en los años 80 (hiperinflación y crecimiento del terrorismo, principalmente). No merecían nada, ni siquiera que los defendiéramos cuando les cerraron la 'chamba' y los reprimían con varazos, golpes y chorros de agua.

Sin darme cuenta -o quizás sí, pero no me importaba- había dejado de creer en los partidos, en los políticos y en la forma en que se nos había presentado la democracia.

Me equivoqué.

Tarde unos meses en darme cuenta del error. Como alguien -que no recuerdo- dijo alguna vez "la democracia no es perfecta, pero es la forma menos mala de gobernar un país", o algo así.

Lo que vivimos entonces no fue la destrucción de los partidos sino de la democracia. Y lo que me había pasado fue que había caído en el camino fácil de creer que una autocracia nos podría resolver los problemas.

Ciertamente, se resolvieron algunos problemas (economía, terrorismo) pero se exacerbaron otros (corrupción, intolerancia) pero al costo de hacernos creer que la democracía es una forma inferior de vida. Cuando en realidad es todo lo contrario.

La democracia no es sencilla pues implica el respeto a la opinión del otro y la resolución de los problemas teniendo en cuenta estas diferencias. Lo más sencillo es pasar por sobre los otros para finiquitar un tema, para 'resolver' una cuestión, pero la experiencia nos ha mostrado que si hacemos las cosas 'al caballazo' luego tendremos que reparar los daños.

Lo mejor es trabajar en democracia, con respeto a la ley pero sobre todo a los demás, incluyendo su forma de pensar.

Ahora entiendo que esas personas que se enfrentaron a los policias y militares de entonces (lastimosamente, siguiendo órdenes equivocadas) no estaban defendiendo su 'chamba' sino una forma de sociedad mejor. Ciertamente, con muchas fallas que se deben resolver, pero mejor al fin y al cabo.

Lo que me queda claro de ese 5 de abril es que uno puede equivocarse pero es peor mantenerse en el error.

sábado, 14 de agosto de 2010

No es tristeza, es reflexión

No nos quisieron dar pena sino alegría. Los niños de la Teletón de este año aparecieron ahora en un spot comercial en el que usando los musculosos brazos del Capitán América ocultaban un par de muletas, o superponiendo un disfraz de escarabajo o submarino tapaban su silla de ruedas. Cambiaron así la expresión que naturalmente nos brotaría en el rostro por una sonrisa o quizás por una expresión de sorpresa. Luego una lluvia de aparente confeti nos revelería que el objetivo del esfuerzo era recordarnos que hoy era la Teletón.

Es un buen comercial, pero ello no nos debe hacer olvidar que detrás de él se encuentra una institución que todo los días tiene que lidiar con la tristeza. A la clínica San Juan de Dios acuden padres de familia que no cuentan con el dinero necesario para llevar a sus hijos a una clínica privada, y que solo se pueden dar el 'lujo' de gastar unos cuantos soles en la cura de sus niños.

¿Cuántos soles? Seis nuevos soles (2.11 dólares) por sesión. El precio de una entrada a un cine popular, de un sandwich en un local de precios medios, de seis pasajes en una combi; en general, una 'nada' en comparación con las cifras que mucha gente suele gastar en frivolidades.

Ya en plena Teletón Laura Borlini entrevistó a la madre de uno de los niños que aparecen en las imágenes del comercial, un chico que nació con daño cerebral, y al que tendría que llevar cuatro veces a la semana a la clínica para estimular su cura. En total tendría que gastar 24 soles a la semana en sesiones o un poco menos de 100 soles al mes para seguir con su tratamiento, y sin embargo, aquella pobre mujer dijo que durante seis meses interrumpió el tratamiento porque no tenía el dinero.

¿Te sientes triste ahora? No es cuestión de sentirse triste sino de reflexionar sobre la calidad de vida que deseamos como sociedad. La solidaridad no debe perderse como una de nuestras virtudes, el despegue económico no solo debe servirnos para estar mejor sino también para ayudar a los otros.

Confieso que no he hecho lo suficiente yo mismo, pero me alegra que estos momentos me hagan reflexionar en cuanto a mi participación en actividades solidarias. No debe ser solo la emoción del momento, sino parte de nuestra forma de vida. Y creo que todos los que lean estas líneas sabrán como ayudar a quien lo necesita desde sus respectivas actividades. No solo es cuestión de dinero, también lo es de nuestro tiempo, nuestras habilidades y de las personas a quienes podemos acudir.

Mañana ya no será la Teletón, pero estoy seguro que hay mucha gente en muchos lugares a los que podemos seguir ayudando todos los días del año, todos los años.

viernes, 27 de marzo de 2009

Helados y frustraciones sociales

Hoy fue el día de la promoción de lo helados D'Onofrio. Temprano en la mañana, cosa inusual entre mis amigos, decidimos darnos un gusto aprovechando la tan publicitada promoción, pero, como muchos, no pudimos disfrutar de los benditos helados porque no había ningun triciclero con productos interesantes. Los que tenían eran los que costaban 1 sol o menos y con eso se armó el lío.

Twitter y Facebook se llenaron de comentarios negativos contra la promoción y también contra la marca. Creo que algunos escribieron aún con el dolor dentro así que tacharon a la promoción de "estafa" y de una burla. No quisiera pensar que una empresa seria haya cometido una estafa tan tonta, pero al menos sí sé que varios consumidores nos quedamos con la frustración de no poder adquirir un producto de la promoción.

No sé si a D'Onofrio le falló el cálculo de cuál iba a ser la demanda, o si, como algunos insinuan, muchos de los tricicleros se quedaron con los helados más caros para ganar vendiendolos luego a precio normal. Puede ser ese tambien el caso.

Lo bueno es que es la primera vez que veo en acción a las redes sociales, al Twitter e incluso la edición electrónica de un diario captando el malestar prácticamente en vivo y en directo. Eso nos dice que hemos avanzado en la forma de comunicarnos y de reclamar también. Indecopi y Aspec ya han comprometido su presencia en el asunto y creo que eso es una prueba de la potencia que ha alcanzado la web 2.0.

Incluso este espacio, este blog, es fruto de esa necesidad que muchos sentimos de comunicar cosas y actos tan simples como la imposibilidad de comprar un helado al precio prometido.