viernes, 7 de mayo de 2010

Durmiente corporativo

El trabajo periodístico te puede traer muchas alegrías y penas, y algunas situaciones que se encuentran en medio de ellas. Las situaciones de este tipo no son pocas en nuestra actividad y creo que bien vale la pena recordar algunas. A continuación un caso que me hizo cuestionarme si una pregunta que hice fue muy aburrida.

Una siesta.
Bueno, era una tarde luego del almuerzo. Creo que eran las 3 pm, un momento complicado para dar una entrevista ya que las personas se encuentran amodorradas por la comida. Además creo recordar que ese era un día de primavera u otoño, pues la tarde era tibia y perfecta como para completar un escenario somnífero.

Había acordado, hace un tiempo cuando trabajaba en la revista, una reunión con un gerente de una conocida empresa. Llegué puntual y subí a las oficina de mi entrevistado -cuya identidad obviamente no voy a mencionar- para realizar una entrevista sobre un tema que ya no recuerdo. La secretaria me recibió amablemente y me hizo pasar a la amplia oficina del gerente. Era elegante y contaba con unos sillones de cuero en los que uno se podía arrellanar cómodamente.


Luego del ritual del intercambio de tarjetas y de explicarle la entrevista comenzamos con las preguntas. El gerente, algo mayor, contestaba con seguridad, aunque me preocupaba un poco su apatía. Creo que estaba cansado. Su falta de energía no la relacionaba con un desgano por la entrevista sino con un auténtico estado de amodorramiento debido al cansancio, al almuerzo, a la hora, y a lo cómodo de los sillones.

Mi tercera pregunta fue al punto de la entrevista. Él se acomodó y comenzó a responderme. Pero poco a poco sentí que su voz se apagaba, que sus ojos se cerraban y que se acomodaba mejor en su sillón.

A mitad de su respuesta, y mientras él estaba hablando, dejó de moverse y de hablar. Su cabeza cayó lentamente hacia adelante y me di cuenta que mi entrevistado se había quedado dormido a la mitad de su respuesta.

No sabía qué hacer.

¿Lo despertaba? ¿Llamaba a la secretaria para que lo despertara? "Señor XXX"... lo llamé, pero nada. "Señor XXX". Nada.

Cuando ya me estaba levantando para ver cómo despertarlo volvió a abrir los ojos. "¿En qué me quedé?", me preguntó. "Me estaba diciendo que...". "Ah, si. Como le decía...", y continuó con su respuesta como si nada hubiera ocurrido. Yo tampoco le mencioné nada.

La entrevista concluyó y no dijo nada de la siestita. Tampoco quise tocar el tema.

Salí de a oficina, le di las gracias a la secretaria, bajé a la calle y me fui preguntándome si esto me volvería a pasar algún día, o si debía evitar las entrevistas a las 3 de la tarde. Gracias a Dios, no me ha vuelto a pasar.

Bueno, por lo menos no de esa forma.

lunes, 26 de abril de 2010

Una buena semana

La semana anterior fue de bastante trabajo. Básicamente porque era la semana del evento de CIO, pero también porque se juntaron reuniones y comisiones como en ninguna otra ocasión.

Lo extraño del caso es que no me siento tan cansado como esperaba. Ya va a ser prácticamente un año desde que partí de la revista y creo que ya me he acostumbrado completamente al nuevo ritmo de trabajo. Realmente no me lo esperaba.

La revista era mensual y ello me daba un par de semanas para preparar los artículos. El portal en cambio es diario en sus noticias y semanal en sus artículos por lo que en teoría hago cuatro veces más cosas que las que hacía cuando me encontraba en la revista. Debería estar cuatro veces más cansado pero no es así.

Creo que mucho tiene que ver el hecho de que trabajo desde la casa y así me ahorro el diario trajín de ir por toda la Javier Prado hasta la oficina, de ida y de vuelta. El tráfico ha empeordado en Lima y estoy seguro que de haberme quedado en la revista tendría ya cientos de horas acumuladas como pérdida de tiempo por el tráfico.

Pero también creo que mi 'no cansancio' se debe a que necesitaba un cambio. Más de una década en cualquier trabajo ahora parece una eternidad, aunque para nuestros abuelos eso era lo más normal del mundo. Recuerdo que cuando celebrábamos un aniversario de la Universidad vimos como a un grupo de trabajadores les realizaban un pequeño homenaje por sus 35 años de servicios a la institución. ¿Dentro de 30 años me harán algo así?, pensé.


No estaré ahí para averiguarlo. Salí con cinco años en esa institución y 12 acumulados en la revista, creo que fueron suficientes.

Realmente no sé si es conveniente o no quedarse mucho tiempo en un trabajo. Creo que mientras uno se sienta bien con lo que hace puede quedarse pues es también una forma de ser mejor. Esos trabajadores con 35 años de labor son un extremo, mientras que los que cambian prácticamente cada año de trabajo son el otro. En el medio hay espacio para todos.

No sé cuánto me quedaron en CIO, ni tampoco me pongo a pensar en ello. Es un medio joven que va a seguir creciendo, recién se acerca a su primer año y siempre es más emocionante ver los primeros pasos de una criatura. Seguro me quedaré hasta que camine bien, hasta que corra y gane todas las carreras en las que se involucre; de hecho, ya lo está haciendo.

Me quedaré ahí hasta que sienta que ya no puedo aportar más (o que alguien me lo diga). Pero por lo pronto ello parece algo muy lejano. Me siento bien aquí, muy bien.

sábado, 3 de abril de 2010

GNR: pudo haber sido mejor

Hasta que por fin el sueño se había convertido en realidad. Guns and Roses, la banda que me acompañó en mis últimos días de colegio y los primeros de la universidad, tocaría en Lima. No me importaba que solo se tratara de Axl con un grupo de reemplazos -no era la Guns original- sino que escucharía en vivo la voz que me enloqueció con Sweet Child of Mine y Welcome to the Jungle, o al menos eso era lo que pensaba.

Las primeras alertas me llegaron a través del Facebook. Comenzaron a aparecer enlaces a noticias que describían a un Axl tardón y enemistado -por su comportamiento- con el público que deseaba oirlo. Leí que no solo llegaba tarde a los conciertos sino que incluso llegaba al país -en su avión privado- horas después de empezado el evento. Ello no era una buena señal.

Con Carlos decidimos de todas formas comprar las entradas y esperar que Axl se comportara un poco mejor en Lima. Al principio lo creíamos. Axl, a diferencia de otras ocasiones, ya se encontraba en el país mucho antes del concierto y ello nos tranquilizó un poco.

El día del concierto, como siempre, partimos un poco tarde. La primera sorpresa fue el pase por la primera valla de seguridad. Absolutamente, TODOS, teníamos que pasar por una única puerta, así que luego de esperar un poco (como se ve en el video) decidimos hacer la enorme fila y pasar la primera valla.

Ya dentro hicimos lo mismo con las otras barreras para finalmente llegar a tiempo para escuchar las últimas canciones del telonero que cerraba 'los previos'. Eso fue como a las 11 de la noche.

Esperábamos que Guns saliera como una media hora después, como a las 11:30, y calculábamos que estaríamos en concierto como hasta las 2 am. Pero nada.

La gente se comenzó a impacientar y empezó a silbar para que la banda saliera. Todo en vano, ya que el cantante no aparecía.

Ya molestos, decidimos quedarnos solo hasta la 1 am ya que no estábamos con el ánimo de quedarnos hasta el final del concierto.


La gente seguía silbando, conversaba, se tiraba a tomar una siesta, a comer, a hacer olas y a maldecir al cantante que hace 20 años adoraban.

Cuando Axl salió a las 12:30 am fue recibido con uno o varios botellazos que le hicieron parar el concierto para lanzar una advertencia.

No soy de los que tiran cosas, pero comprendo lo exasperados que pudieron haberse sentido los que lanzaron las botellas. Axl nos hizo esperarlo simplemente por que le dio la gana, y eso no lo hace un profesional que estima a su público.

Y puedo decir esto porque ello no ocurrió con ninguno de los anteriores conciertos a los que he asistido. Es más, las malas lenguas dicen que les pareció que en algunas canciones usaba grabaciones porque la voz ya no le daba. No me consta, pero tampoco lo descarto.

A pesar de todo, agradezco de esa noche el haber escuchado su "Do you know where you are? You're in the jungle, baby" como entrada a su Welcome to the jungle, y las posteriores It's so easy y Mr. Browstone, canciones que siempre le quise escuchar cantar.

Para cuando tocaron Knocking on Heaven's Door ya nos estábamos quitando, ya iban a ser las 2 am. También me perdí Sweet Child of Mine -la razón por la que fui al concierto-, y todas las que vinieron después. Me hubiera encantado escuchar Paradise City, pero para eso me hubiera tenido que aguantar el sueño hasta más allá de las 3 de la mañana, según cuentan.


De todos los conciertos, creo que este sería el único al cual no volvería, y creo que no soy el único. Sé que a otros les gustó, que su admiración pudo más que las horas de espera y que Axl sigue siendo el mismo de siempre. Lamentablemente no siento lo mismo.