Durante la Segunda Guerra Mundial Inglaterra fue inmisericordemente bombardeada por la hasta entonces invencible fuerza aérea alemana. El objetivo de los nazis era minar la moral de los ingleses y destruir al gobierno del único país que detenía su avance en Europa Occidental. En medio de los edificios en llamas Winston Churchill, el primer ministro británico de entonces, soltó la famosa frase para describir lo que podían esperar los ingleses de su gobierno en el futuro cercano: “sólo les prometo sangre, sudor y lágrimas”.
Algo similar le ha ocurrido a la prensa peruana. Ella nos ha prometido regalarnos cantidades generosas de estos fluidos corporales a través de sus realities, de sus noticieros y de sus portadas en los quioscos; el caso de Ciro Castillo no ha sido sino el pico más elevado en el cumplimiento de esta promesa.
Este estado de las cosas, sin embargo, no se logró sólo a partir del esfuerzo de los medios; nosotros colaboramos aceptando una complicidad que se hizo tangible en el incremento de los tirajes y los ratings. Fuimos nosotros los que consumimos con gran entusiasmo cada espacio que nos detallara –en medio de los mensajes de los anunciantes– el infortunio de este hombre.
¿Qué fue primero? ¿Este tipo de noticias o nuestro deseo de verlas?
Con seguridad soy de aquellos que no comprenden cómo los medios y las personas se han involucrado en esta relación ‘simbiótica’ de morbo-información. Tampoco entiendo por qué los noticieros de una hora de duración pueden llegar a dedicar casi el 60% de su tiempo a la crónica del atropellado, del muerto en un asalto, o del famoso encontrado ebrio en la calle.
Me es igualmente incomprensible el motivo por el que los realities buscan hacer que algún famoso baile, o quede encerrado en una casa llena de cámaras esperando a que se desnude o suelte una palabrota contra otro famoso.
Aunque quizás la respuesta es muy sencilla: es lo que le gusta a la gente.
Realmente, ¿es eso lo que nos gusta?
Recuerdo a una persona que me decía que no le agradaba para nada “Trampolín a la Fama”, allá en los años 80; sin embargo, no se perdía ningún sábado en la noche la emisión del programa.
Me pregunto cuántos de nosotros hacemos lo mismo. Cuántos de nosotros criticamos pero seguimos consumiendo ese tipo de contenido.
Creo que debemos ser consistentes con lo que predicamos. Si no nos gusta –por considerarlo inapropiado– debemos dejar de consumir estos contenidos, a menos, claro, que nuestro discurso sea tan solo un montón de palabras para quedar bien con el círculo de amigos.
A diferencia de los años 80 –cuando había solo tres canales y unos pocos diarios– ahora tenemos una enorme cantidad de posibilidades de contenido. Ahora tengo la posibilidad de consumir sólo aquello que me interesa –y en verdad son tantas las cosas que me han dejado de interesar en la televisión y en los diarios locales.
Esta decisión, por ejemplo, me hizo desistir de ver la mayor parte de los programas de los fines de semana porque ya sabía que la noticia sería nuevamente Ciro.
Ciro fue una constante que me hizo ver que el amor de un padre puede mover montañas pero, lamentablemente, también fue una oportunidad para ver hasta donde se podía llegar con tal de vender más noticias.
Espero que ahora que ya fue enterrado Ciro descanse en paz, y que su familia retome su vida. Todos debemos hacerlo.
sábado, 29 de octubre de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
Quiero Matar a mi jefe
No se dejen guiar por el encabezamiento. Como le dije a un amigo que también se sorprendió por la frase éste no es más que el título de una peli que fui a ver el miércoles pasado con mi delgada. El original se llama Terrible Bosses y es una comedia que tiene por historia el común deseo de tres amigos de deshacerse de sus respectivos superiores.
La película me gustó. Es una de esas clásicas producciones destinada a la gente de mediana edad que se siente identificada con las situaciones de los personajes. Y, ciertamente, cuando no se apela al amor –comedia romántica– se puede apelar al odio, como hicieron en este caso. Claro, ayuda mucho que la peli ofrezca ganchos muy efectivos como el de la jefa acosadora sexual que nos permiten ver a Jennifer Aniston como seguramente más de uno la habrá fantaseado.
La película me recuerda mucho a “Qué pasó ayer” (Hangover) ya que es la historia de tres hombres a mediados de sus treintas y principios de sus cuarentas que tienen que soportar a tres jefes insoportables. ¿La solución? No soportarlos más, matarlos. Y es ahí donde se desatan las situaciones más cómicas.
El elenco está lleno de figuras. Destacan Donald Sutherland en un breve papel como el buen y adorable padre del drogo-mujeriego-jefe Colin Farrell, Jennifer Aniston, y Kevin Spacey como los otros dos jefes insoportables; y Jason Bateman, Charlie Day y Jason Sudeikis, como los sufridos empleados de la película.
Intervienen también otros conocidos como Jamie Foxx como Dean ‘MF’ Jones –ya se imaginarán lo que significan las letras MF; e Ioan Gruffudd, ¿saben quién es? El Señor Fantástico, de Los Cuatro Fantásticos.
Sin duda, una de las escenas más memorables es la de uno de estos desafortunados subalternos que no soporta más los desplantes e injusticias de su jefe y, lleno de ira, lo arrastra por la oficina frente a sus compañeros y lo lanza por la ventana del edificio, para beneplácito de sus colegas; y de algunos espectadores en el cine, diría también.
Es una comedia entretenida como lo fue Hangover y bastante recomendable para aquellos que no quieren mucho a su jefe.
viernes, 29 de julio de 2011
Feliz 28 de Julio
Llegaron las Fiestas Patrias, y con ellas todo el espectáculo que implica, además, un cambio de mando. Alan se fue, entra Ollanta. Alan no quiso pasar por el Congreso, dizque para evitar el bochorno que le podrían haber hecho los nuevos parlamentarios; mientras que Ollanta inaugura un nuevo estilo presidencial al casi no despegarse para nada de su primera dama, Nadine.
Sinceramente, me dio roche. ¿Es que no se puede 'lavar los trapitos sucios en casa'? ¿Era necesaria esa provocación sabiendo cómo iban a reaccionar Marta Chávez y compañía frente a los invitados? Creo que se pudo haber tenido un mejor momento para realizar ese tipo de actos.
Pero bueno, ya se hizo y creo que hay que seguir adelante, y no detenernos en esos argumentos, también innecesarios, que señalan la invalidez de la juremantación de Humala. ¡Ya hay que parar esto!
Ya pasado todo este tumulto, creo que hay que dejarnos de mirar hacia dentro y observar lo que está pasando a nivel internacional.
Estados Unidos se encuentra en la disyuntiva de ampliar su capacidad de endeudamiento. Hasta hoy el Congreso de ese país, específicamente los republicanos, no habían dado el pase a una iniciativa para poder ampliar esta capacidad. ¿Qué es importante en todo esto? Que sin ese dinero extra Estados Unidos no podría cumplir con el pago de sus Bonos del Tesoro, es decir, de los documentos más seguros del mundo. La otra opción es que Estados Unidos diga que no puede pagar, o sea, default.
¿Estados Unidos default? Si pues, eso es lo que está pasando afuera y si eso sucede la economía mundial ingresaría a un escenario que nadie se imaginó, con la mayor potencia del mundo incapaz de pagar su deuda y con la otra mayor potencia del mundo, o sea, China, incapaz de cobrar el dinero que le ha prestado a Estados Unidos. ¿Problemático, no?
Ya algo adelantó el presidente de Colombia luego de la reunión de Unasur, y economistas como Eduardo Morón y Bruno Seminario también han dicho algo al respecto. Hay que cuidarnos de una próxima recesión gringa y mundial.
Comienza el trabajo en serio.
Foto: Congreso de la República del Perú.
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