domingo, 17 de agosto de 2014

El odio tiene que terminar: The railway man

Hace unos días detecté entre la marea de salas dedicadas a las Tortugas Ninja y películas similares un título que me llamó la atención por ser el único drama que presentaban los cines entre tanto blockbuster. La película era The railway man, traducida como Un pasado imborrable en el Perú, aunque en IMDb la llaman Un largo viaje.

La presencia de Colin Firth y Nicole Kidman como actores principales me convenció que eso era lo que quería ver, y fui al cine con mi delgada y una amiga común. De hecho, consultamos las salas y la única a la que podíamos llegar a tiempo era la del Cineplanet del nuevo centro comercial de la Av. Salaverry.

Felizmente, llegamos a tiempo aunque tuvimos un rato incómodo pues no nos percatamos que en esas nuevas salas los asientos se encuentran numerados. Cuando llegaron los legítimos dueños de las butacas tuvimos que desalojar, y nos fuimos hasta abajo. Pero igual se veía bien y estábamos los tres juntos. Eso era lo que importaba.

La película trata la historia de un soldado del ejército británico (Firth) que es capturado por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Luego de terminada la guerra vuelve a casa y conoce a la que sería luego su esposa (Kidman). Ella descubre que hay algo mal en su esposo y decide descubrir qué es; para ello conversa con el amigo que Lomax –así se llama el personaje– tuvo durante la guerra y descubre que lo que le pasó como prisionero de guerra de los japoneses fue lo que le marcó profundamente.

No quiero contarles lo que pasa pero si puedo decirles que Lomax viaja a encontrarse con el que fue su carcelero durante la guerra y lo que sucede es dramático e impresionante a la vez.

El título que puse se debe al mensaje que deja la película y que podría pasar por otra película ‘ejemplarizadora’ si no fuera porque al final descubrimos que todo lo que nos cuentan en realidad ocurrió. Lomax no solo es un personaje sino una persona que pasó por situaciones muy perturbadoras pero que pudo superarlas con una grandeza de alma digna de un mahatma.

Creo que fueron pocas las personas que pudieron permanecer sin emocionarse. Basta decir que al finalizar la película las personas se quedaron sentadas en sus butacas, como si esperaran a que terminaran de pasar los créditos finales. En realidad, creo que buscaban reestablecer su ánimo o, quizás, secarse las lágrimas. Y no exagero.

La película es de 2013 pero recién en este año la han exhibido en el país. Ya no se encuentra en cartelera pero si tienen oportunidad de alquilarla o comprarla háganlo 'a ojos cerrados' pues es una muestra que las personas pueden hacer cosas maravillosas con su vida, como terminar con el odio.


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